Bienaventurados los rotos: un reino sin héroes

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Comentario a San Mateo 5:1-12
Cuarto Domingo después de Epifanía, 2026

Las bienaventuranzas suelen leerse como un texto hermoso, casi poético, que ofrece consuelo espiritual a quienes sufren. Con frecuencia se las escucha como palabras amables dirigidas a personas heridas, una especie de bálsamo religioso para tiempos difíciles. Sin embargo, esa lectura —aunque comprensible— corre el riesgo de domesticar uno de los textos más radicales y subversivos del Evangelio.

Predicar las bienaventuranzas no es sencillo, no porque el texto sea oscuro, sino porque su claridad resulta cruda e incómoda. Jesús no habla en clave críptica ni simbólica: nombra personas, situaciones y estados de la vida que reconocemos con facilidad. Lo que descoloca no es el lenguaje, sino el mundo que ese lenguaje revela. Un mundo donde la bendición de Dios no coincide con nuestros criterios habituales de éxito, fuerza, coherencia o victoria.

Mateo no presenta las bienaventuranzas como un apéndice devocional ni como una introducción decorativa al ministerio de Jesús. Las sitúa en un momento narrativo decisivo: inmediatamente después del anuncio programático del reino (4:17), del llamado al seguimiento (4:18–22) y del sumario que describe la práctica concreta de Jesús —enseñar, proclamar y curar— (4:23–25). Las bienaventuranzas no flotan en el aire: brotan de un movimiento ya en marcha.

Antes de que Jesús diga una sola palabra, Mateo nos muestra multitudes que lo siguen. No porque hayan entendido todo, sino porque algo en su presencia y en su práctica ha abierto una posibilidad nueva. En ese contexto, Jesús sube al monte, se sienta y enseña. No para explicar el mundo tal como es, sino para nombrarlo desde otro horizonte.

Las bienaventuranzas no describen cómo es el mundo según el poder, sino cómo puede ser visto cuando la mirada ha sido tocada por el reino de Dios. No son una lista de virtudes morales ni un ideal inalcanzable para personas espiritualmente excepcionales. Son una proclamación pública que redefine quiénes cuentan, qué vidas son visibles y dónde está ocurriendo —aquí y ahora— la bendición de Dios.

Por eso, la predicación enfrenta aquí una decisión pastoral clave. Podemos suavizar el texto, reducirlo a una palabra de aliento general, o convertirlo en un ideal ético tan elevado que nadie se reconozca en él. O podemos permitir que las bienaventuranzas hagan su trabajo más propio: desarmar nuestras fantasías religiosas, cuestionar nuestra fascinación por la fuerza y abrir un espacio donde la vida, aun cuando no es admirable ni ejemplar, sigue siendo bendecida por Dios.

Exégesis y contexto

1. El lugar del texto en la arquitectura del Evangelio de Mateo

Las bienaventuranzas inauguran el llamado Sermón del Monte (Mt 5–7), el primer gran bloque discursivo del Evangelio de Mateo. No se trata de una colección arbitraria de dichos éticos, sino de una unidad cuidadosamente construida que presenta la enseñanza de Jesús como interpretación autorizada de la voluntad de Dios para la vida del pueblo.

Desde una perspectiva narrativa, Mateo ha preparado este momento con precisión. El anuncio del reino (4:17), el llamado al seguimiento (4:18–22) y el sumario del ministerio (4:23–25) han establecido ya el marco teológico: el reino de Dios se ha acercado y comienza a hacerse visible en palabra, práctica y sanación. Las bienaventuranzas no introducen un tema nuevo, sino que explicitan el tipo de mundo que emerge cuando el reino irrumpe.

En este sentido, Mateo 5 no debe leerse como un ideal abstracto, sino como la primera descripción pública del mundo según el reino. Las bienaventuranzas funcionan como una proclamación inaugural que reconfigura los criterios de valoración de la vida humana.

2. El monte, el maestro y los destinatarios (5:1–2)

El escenario del monte es teológicamente significativo. Mateo no lo menciona como un dato geográfico neutro, sino como un espacio cargado de resonancias bíblicas. El eco mosaico es evidente: así como Moisés sube al monte para recibir la Torá, Jesús sube al monte para enseñar. Sin embargo, Mateo no presenta a Jesús como un mero transmisor de la Ley, sino como quien enseña con autoridad propia.

El gesto de sentarse corresponde a la postura tradicional del maestro, pero también subraya que no se trata de una arenga profética ni de un discurso improvisado. Jesús enseña de manera deliberada, estructurada y pública.

Es importante notar la doble referencia a los destinatarios: Jesús ve a la multitud, pero enseña a sus discípulos. Esta ambigüedad no debe resolverse forzadamente. Mateo sugiere que las bienaventuranzas no son una enseñanza esotérica reservada a un grupo selecto, ni tampoco un mensaje diluido para consumo masivo. Son palabra dirigida a una comunidad en formación, escuchada en presencia de la multitud. El reino se anuncia para ser vivido en comunidad, pero no se oculta al mundo.

3. El género literario: proclamación, no exhortación

Las bienaventuranzas pertenecen a un género conocido en la tradición bíblica y judía: las fórmulas de bienaventuranza (’ashrê en hebreo, makários en griego). No son mandamientos ni promesas condicionales. No dicen “hagan esto para ser bienaventurados”, sino “bienaventurados son…”.

Este rasgo es decisivo. Jesús no está exhortando a adoptar determinadas actitudes para obtener una recompensa futura. Está nombrando una realidad. La bienaventuranza no se gana ni se merece; se reconoce y se proclama.

El término makários no remite primariamente a un estado emocional (felicidad subjetiva), sino a una condición objetiva de vida que puede ser afirmada como buena, aun cuando no resulte deseable según los criterios dominantes. En Mateo, esta afirmación adquiere un carácter profundamente contracultural: son declaradas bienaventuradas personas y situaciones que el orden social considera deficitarias, fracasadas o problemáticas.

4. Los sujetos de la bienaventuranza: fragilidad y exposición

La lista de bienaventurados en Mateo 5:3–12 no responde a una tipología moral homogénea. Incluye disposiciones interiores (“pobres en espíritu”, “mansos”), experiencias de sufrimiento (“los que lloran”, “los perseguidos”) y prácticas relacionales (“los misericordiosos”, “los que trabajan por la paz”).

Lo que unifica a estos sujetos no es la virtud heroica ni la excelencia espiritual, sino una posición de vulnerabilidad frente al mundo. Son personas expuestas, no blindadas; vidas frágiles, no autosuficientes. Desde esta perspectiva, las bienaventuranzas no celebran el sufrimiento en sí mismo, pero sí afirman que la fragilidad no excluye a nadie del ámbito de la bendición de Dios.

Especial atención merece la expresión “pobres en espíritu” (5:3). Lejos de una espiritualización evasiva de la pobreza material, la fórmula apunta a una actitud existencial de desposesión: quienes no se sostienen en su propio capital —económico, moral o religioso— y, por ello, permanecen abiertos a la acción de Dios. En Mateo, esta bienaventuranza funciona como clave hermenéutica del conjunto.

5. El tiempo del reino: presente y promesa

Desde el punto de vista gramatical, Mateo articula las bienaventuranzas en una tensión temporal significativa. La primera (5:3) y la última (5:10) están formuladas en presente: “de ellos es el reino de los cielos”. Las demás se expresan en futuro: “serán consolados”, “heredarán la tierra”, “verán a Dios”.

Este encuadre no es accidental. El presente indica que el reino ya ha comenzado a manifestarse; el futuro señala que su plenitud aún no se ha realizado. Mateo sostiene así una escatología inaugurada: el reino está ya presente, pero no consumado.

Esta tensión impide dos reducciones habituales. Por un lado, evita un triunfalismo ingenuo que niegue el sufrimiento real. Por otro, rechaza una espiritualización que postergue toda esperanza para un más allá irrelevante. Las bienaventuranzas afirman que algo decisivo ya está ocurriendo, aun cuando el mundo no haya sido transformado por completo.

6. Persecución y conflicto: el cierre del bloque (5:10–12)

Las últimas bienaventuranzas introducen explícitamente el conflicto. Quienes viven según la lógica del reino no solo experimentan fragilidad, sino también oposición. Mateo no idealiza esta situación, pero la nombra con realismo: el seguimiento de Jesús no conduce a la armonía social ni al reconocimiento inmediato.

La referencia a los profetas sitúa a los oyentes dentro de una historia más amplia de conflicto entre la palabra de Dios y los poderes establecidos. No se trata de victimismo ni de búsqueda del martirio, sino de una constatación teológica: el reino desestabiliza, y esa desestabilización tiene costos.

Sin embargo, incluso aquí, la bienaventuranza no se funda en el sufrimiento mismo, sino en la pertenencia al reino. La alegría no nace del dolor, sino de saber que la vida —aun herida— no queda fuera del horizonte de Dios.

El texto y su sentido teológico

1. Un reino que no se edifica desde la fuerza

Las bienaventuranzas presentan, desde el inicio, una afirmación teológica decisiva: el reino de Dios no se construye desde la fuerza, la autosuficiencia ni el éxito visible. Jesús no bendice a quienes dominan, controlan o se imponen, sino a quienes viven en situaciones de fragilidad, exposición y dependencia.

Esto no implica una glorificación del sufrimiento ni una ética de la resignación. El texto no dice que la pobreza, el llanto o la persecución sean bienes en sí mismos. Lo que afirma es algo más perturbador: Dios no espera a que la vida esté “resuelta” para pronunciar su bendición. El reino irrumpe allí donde la vida está frágil, herida o incompleta.

Desde esta perspectiva, las bienaventuranzas describen un “reino sin héroes”. No hay figuras ejemplares que encarnen una perfección moral o espiritual. Hay, en cambio, personas que ya no pueden sostenerse por sus propios méritos y que, precisamente por eso, quedan disponibles para la acción de Dios. El reino no necesita campeones; necesita vidas reales.

2. La bendición como acto gratuito, no como recompensa

En Mateo 5, la bendición no funciona como recompensa por una conducta previa ni como promesa condicional. Jesús no dice: “si son mansos, entonces heredarán la tierra”, sino “bienaventurados los mansos”. La bienaventuranza precede a cualquier respuesta humana.

Teológicamente, esto desplaza la lógica del mérito y la sustituye por la lógica del don. La bendición no se obtiene; se recibe. No se acumula; se pronuncia. No se administra como premio; se ofrece como gracia. Todo es gracia.

Esta afirmación resulta especialmente disruptiva en contextos religiosos marcados por la espiritualidad del rendimiento, donde la vida creyente se evalúa en términos de coherencia, disciplina y resultados visibles. Frente a esa lógica, las bienaventuranzas anuncian un Dios que no bendice a los “aptos”, sino que hace apta la vida al bendecirla.

3. Fragilidad, no carencia: el lugar teológico de los “rotos”

El texto no presenta a los bienaventurados como personas incompletas en un sentido deficitario, sino como sujetos cuya fragilidad se ha vuelto visible. La pobreza de espíritu, el llanto, la mansedumbre o el hambre de justicia no describen fallas morales, sino formas de exposición ante la realidad.

Hablar de “rotos” no implica romantizar la herida ni convertirla en identidad. Implica reconocer que la vida humana, tal como es vivida históricamente, está atravesada por límites, pérdidas y contradicciones. Las bienaventuranzas afirman que esa condición no excluye a nadie del ámbito de la gracia, sino que puede convertirse en lugar de revelación del reino.

La fragilidad no es el obstáculo que Dios debe superar para actuar; es el terreno donde su acción se vuelve reconocible. Allí donde no hay autosuficiencia, el reino se deja ver.

4. Un Dios que se deja reconocer en la contradicción

El Dios que emerge del Sermón del Monte no coincide con las imágenes religiosas de control, previsibilidad o pureza absoluta. Es un Dios que se deja reconocer en situaciones ambiguas, conflictivas y abiertas. Un Dios que no se apropia de un solo grupo ni se deja instrumentalizar por una identidad religiosa cerrada.

Las bienaventuranzas sostienen tensiones sin resolverlas apresuradamente: presente y futuro, consuelo y llanto, justicia anhelada y conflicto real. El reino no elimina la contradicción; la habita.

Esta teología prepara el camino hacia la cruz. El Dios que bendice a los pobres, a los que lloran y a los perseguidos es el mismo Dios que, en Jesús, asumirá la vulnerabilidad extrema. El reino sin héroes encuentra su coherencia última en un Mesías que no se salva a sí mismo.

5. Una comunidad redefinida por la gracia

Finalmente, las bienaventuranzas no describen individuos aislados, sino el perfil de una comunidad que aprende a verse a sí misma desde otro horizonte. La comunidad del reino no se define por la pureza, la homogeneidad ni el éxito colectivo, sino por la capacidad de habitar la fragilidad sin negarla.

Esta comunidad no niega el conflicto ni el sufrimiento, pero se resiste a convertirlos en criterio de exclusión. Aprende a reconocer la bendición allí donde el mundo ve solo fracaso. Vive orientada por una promesa que no cancela el presente, pero tampoco queda atrapada en él.

Así, el texto afirma que el reino de Dios no irrumpe como sistema alternativo de poder, sino como una forma distinta de estar en el mundo. Una forma marcada por la gracia, no por el heroísmo; por la apertura, no por la autosuficiencia; por la vida compartida, no por la competencia.

Camino a la predicación

Predicar las bienaventuranzas implica aceptar que este texto no busca tranquilizar conciencias ni ofrecer una espiritualidad amable. Jesús no describe un mundo ideal ni propone una ética para personas espiritualmente fuertes. Pronuncia una bendición sobre vidas que el mundo suele evitar, temer o descartar. Y eso nos obliga a preguntarnos no solo qué decimos desde el púlpito, sino desde dónde miramos la vida.

Las bienaventuranzas nos colocan frente a una realidad incómoda: el reino de Dios no se deja reconocer allí donde todo está en orden, sino allí donde la vida aparece rota, expuesta, desarmada. No porque la herida sea buena en sí misma, sino porque Dios no ha abandonado esos territorios humanos. Predicar este texto exige resistir la tentación de suavizarlo o convertirlo en consuelo abstracto. El Evangelio no nos invita a admirar la fragilidad desde lejos, sino a dejarnos afectar por ella.

En mi primera parroquia en Puerto Rico conocí a un hombre llamado Jesús. Vivía en la calle. Su historia estaba atravesada por rupturas familiares, problemas de salud mental y una profunda soledad. A veces, cuando no tomaba su medicación, caminaba descalzo, sucio, con un abrigo grueso bajo el sol intenso del verano caribeño. Su presencia incomodaba. Algunas personas le tenían miedo. Otras preferían cruzar de acera.

Todo comenzó con un café. Un encuentro breve, torpe, marcado por la desconfianza mutua. Dos cafés compartidos en la vereda. Nada heroico. Nada planificado. A partir de ese día, Jesús me adoptó como su “mejor amigo”. Cada vez que me veía me abrazaba con fuerza. Más de una vez sus manos ennegrecidas dejaron marcas visibles en mis camisas clericales. No me importaba. Eran las manos de Jesús.

Compartimos otros cafés, algunas comidas y la ayuda que la comunidad pudo ofrecerle. En los días en que estaba más equilibrado, me habló de su historia, de dolores que no se olvidan. Una mañana llegó muy temprano al templo y me esperó en la puerta. Me dijo que necesitaba decirme algo. Confieso que sentí temor. Entramos al edificio. El diálogo fue breve y directo:
“Yo siento que tú eres mi amigo de verdad. No lo olvides”.

Me abrazó. Un abrazo fuerte, sucio, lleno de ternura. Y se fue.

Ese encuentro fue, para mí, una de las experiencias más cercanas a la divinidad que he tenido. No porque Jesús estuviera “bien”, ni porque su vida se hubiera ordenado, ni porque hubiera ocurrido un milagro visible. Fue un encuentro con un hombre que lo había perdido casi todo y que, sin embargo, conservaba algo profundamente humano: la capacidad de vínculo, de gratitud, de ternura. Un hombre roto. Un hombre bienaventurado.

Las bienaventuranzas hablan de esto. No de ideales morales inalcanzables, ni de héroes espirituales, ni de vidas ejemplares. Hablan de personas reales, con historias heridas, que siguen siendo lugar de la bendición de Dios. No porque su sufrimiento las ennoblezca, sino porque Dios no retira su presencia cuando la vida se vuelve difícil de mirar.

Predicar Mateo 5 en clave pastoral implica ayudar a la comunidad a reconocer estas presencias del reino que no siempre resultan cómodas. Implica preguntarnos a quiénes evitamos, a quiénes tememos, a quiénes preferimos no ver. Y también reconocer esos encuentros —a veces breves, a veces torpes— donde la vida se nos presenta sin defensas y nos deja ver, por un instante, que el reino no necesita héroes para hacerse presente.

Quizá el desafío no sea vivir todas las bienaventuranzas, sino atrevernos a reconocerlas cuando se nos cruzan en la vereda, con un café en la mano, en un abrazo inesperado, en una vida que el mundo no felicita, pero que Dios sigue llamando bienaventurada.


Bibliografía

Betz, Hans Dieter. The Sermon on the Mount. Hermeneia. Minneapolis: Fortress Press, 1995.

Davies, W. D., and Dale C. Allison Jr. A Critical and Exegetical Commentary on the Gospel according to Saint Matthew. Vol. 1. International Critical Commentary. London: T&T Clark, 1988.

Garland, David E. Reading Matthew: A Literary and Theological Commentary. New York: Crossroad, 1993.

Harrington, Daniel J. The Gospel of Matthew. Sacra Pagina 1. Collegeville, MN: Liturgical Press, 1991.

Luz, Ulrich. Matthew 1–7. Hermeneia. Minneapolis: Fortress Press, 2007.


Recursos complementarios (lectura y escucha pastoral)

Bolz-Weber, Nadia. “Bienaventurados los agnósticos.” Publicado originalmente en The Corners, 13 de enero de 2026.
Versión en español disponible en:
https://ielsanmarcos.org/bienaventurados-los-agnosticos/

Gondim, Ricardo. “Bienaventurados los débiles.” Publicado originalmente en portugués.
Versión en español disponible en:
https://gondimenespanol.blogspot.com/2007/01/bienaventurados-los-dbiles.html

Kraayenoord, Kees. God of the Moon and Stars. Canción.
Disponible en YouTube:
https://youtu.be/mbcLArwrtN8?si=ZdZub5Pn-s9QTdZo
https://youtu.be/zerlT8FA7kc?si=-SrDJ8k2w7rUS4uL

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