Sostenidos por la ternura
Capítulo 9 · Luteranismo en 10 frases
El sufrimiento humano ha sido, muchas veces, terreno fértil para discursos religiosos que buscan explicarlo, justificarlo o incluso aprovecharlo. Sin embargo, la fe cristiana no nace para domesticar el dolor ni para convertir la fragilidad en oportunidad de proselitismo. Nace, más bien, para acompañar la vida cuando duele. En la tradición luterana, la respuesta al sufrimiento no comienza con explicaciones ni con exhortaciones piadosas, sino con presencia, escucha y cuidado. Allí donde las palabras sobran y las fuerzas faltan, la fe se expresa como ternura que sostiene.
La fe cristiana no ofrece una mirada distante sobre el sufrimiento, como si Dios lo observara desde una posición segura. Confiesa, más bien, a un Dios que se acerca, que se expone y que comparte la vulnerabilidad humana. En Jesús, Dios no responde al dolor con explicaciones, sino con presencia; no lo justifica, lo habita. Por eso, cuando la vida se quiebra, la fe no promete soluciones rápidas ni alivios inmediatos, pero sí afirma algo decisivo: no estamos solos. En medio del sufrimiento, Dios se hace cercano de una manera discreta y fiel, sosteniendo la vida con una ternura que no abandona.
En este punto, la fe cristiana se distancia con claridad de toda espiritualidad que busca elevarse por encima del sufrimiento o darle un sentido inmediato. La tradición luterana ha llamado a esa tentación “teología de la gloria”: una manera de hablar de Dios que evita la fragilidad, que busca respuestas donde solo hay heridas y que pretende consolar desde la distancia. Frente a ello, la fe que brota de la cruz reconoce que Dios no se revela en la fuerza, el éxito o las explicaciones convincentes, sino en la debilidad compartida y en la presencia fiel. Acompañar desde la cruz no es resolver el dolor, sino permanecer en él sin huir, confiando en que allí también Dios está actuando, de un modo discreto y profundamente humano.
El acompañamiento en el sufrimiento no es tarea de héroes ni responsabilidad exclusiva de pastores, sino una tarea que se aprende y se ejerce en comunidad. Es una práctica comunitaria, cotidiana y compartida. La fe se hace carne cuando una comunidad aprende a estar presente, a escuchar sin apurar respuestas, a sostener sin invadir. Muchas veces, acompañar no significa saber qué decir, sino saber estar; no ofrecer soluciones, sino ofrecer tiempo, silencio y cuidado. En esa cercanía sencilla, la ternura se vuelve una forma concreta de fe vivida en común.
No toda expresión religiosa ayuda cuando alguien sufre. A veces, las frases bien intencionadas se convierten en cargas innecesarias. Explicaciones apresuradas, llamados a “tener fe” o intentos de encontrar sentido inmediato al dolor pueden socavar aún más la vida vulnerable. La fe que acompaña con ternura aprende a discernir cuándo hablar y cuándo callar, cuándo ofrecer una palabra que acompañe sin invadir y cuándo simplemente escuchar. Cuidar el lenguaje es una forma de cuidado pastoral: implica resistir la tentación de decir algo a cualquier precio y asumir, con humildad, que el silencio compartido puede ser también una expresión profunda de la fe.
Acompañar el sufrimiento no elimina el dolor ni lo vuelve comprensible. Pero puede impedir que se viva en soledad. Cuando la fe se expresa como ternura compartida, la vida herida encuentra un espacio donde seguir respirando, aun en medio de la fragilidad. No siempre hay respuestas, ni finales claros, ni palabras suficientes. Hay, sin embargo, una presencia que sostiene, una comunidad que cuida y una esperanza discreta que no niega el dolor, pero se niega a abandonarlo. En esa fidelidad silenciosa, la fe se vuelve compañía real y presencia que sostiene.
Preguntas para conversar
- ¿En qué momentos he sentido que el dolor fue explicado o espiritualizado en lugar de ser acompañado?
- ¿Qué gestos, palabras o silencios me han ayudado realmente cuando he atravesado una experiencia de sufrimiento?
- ¿Cómo puede una comunidad cristiana aprender a acompañar con mayor ternura, sin apurar procesos ni ofrecer respuestas que hieran?
- ¿Qué significa para mí tener una fe que no elimina el dolor, pero se niega a abandonarlo?
